Presidente Barack Obama recibe El Premio Nobel de la Paz

1105080253_M_110408_bama05El Nobel de la Paz agiganta la dimensión universal de Barack Obama y eleva hasta el desasosiego las expectativas sobre su presidencia y su responsabilidad personal en la transformación del mundo que conocemos. Obama ha aceptado públicamente esa pesadísima carga al declarar que entendía la concesión del prestigioso premio como “una llamada a la acción”, un estímulo para hacer frente a conflictos que desangran a la humanidad desde hace décadas y a nuevas amenazas que renuevan cada día los riesgos de una catástrofe.

Nunca como ahora, la concesión del Nobel había sido la expresión de una esperanza. La misma que aupó a Obama sorprendentemente a la presidencia de Estados Unidos en noviembre pasado y la misma que, desde su irrupción en el escenario internacional, lo ha convertido en el mayor símbolo del cambio hacia un futuro mejor. Aunque el comité noruego que decide el premio ha explicado en Oslo su decisión como un respaldo “a lo que (Obama) ha defendido y al proceso positivo que ha puesto en marcha”, solo la esperanza puede justificar esta monumental distinción a un hombre que solo lleva nueve meses en la Casa Blanca y que, por tanto, no ha cosechado aún méritos suficientes.

Un reconocimiento a EE UU

Obama ha reconocido con humildad su corto historial y ha querido extender el reconocimiento al papel que Estados Unidos puede jugar en esta época post-George Bush en el fomento de una convivencia internacional basada en el respeto, el diálogo y la cooperación. “Siento que no merezco estar en compañía de tantas figuras transformadoras que ha sido honradas con este premio”, ha manifestado.

Este galardón constituye, seguramente, un orgullo para millones de compatriotas que tienen que remontarse hasta 1919 para encontrar al último presidente, Woodrow Wilson, que lo recibió durante su mandato -antes lo había ganado Theodore Roosevelt, en 1906, y después, ya fuera de la Casa Blanca, lo obtuvo Jimmy Carter en 2002-. Pero eso no significa que el Nobel no deje fríos a otros muchos millones de norteamericanos indiferentes a la opinión extranjera ni que esto sea una patente de corso para el resto de su gestión.

Al contrario. El premio le llega a Obama cuando, dentro de Estados Unidos, empieza a cuestionarse seriamente el acierto de sus principales decisiones, tanto internacionales como domésticas, y cuando su popularidad, hoy ligeramente por encima del 50%, empieza a decrecer. Pasado el furor de las primeras horas, con toda probabilidad esta distinción será utilizada por sus rivales para acentuar las críticas sobre la pretendida vanidad de un personaje al que se acusa de que, a medida que crece como estrella mundial,

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*

Lost Password